Luis Alberto Paniagua López

¿Quién es ZP?


Cierto día preguntó Jesús a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que soy yo?”. Y cada uno contestaba con una ocurrencia distinta. Dicen que Elías, o un nuevo profeta o el Bautista resucitado de entre los muertos. Únicamente Pedro acertó con la respuesta “Eres el Mesías, el Hijo de Dios”

José Luis Rodríguez Zapatero no es el hijo de Dios vivo ni mucho menos, más tiene un toque mesiánico notable. Cuando pide a los próximos “tened confianza en mí” nos quedamos a la espera de la conclusión final: “solo el que me sigue alcanza la vida eterna”. En todo caso sus proyectos para España resultan muy esotéricos; de ahí que periodistas, columnistas y tertulianos no se pongan de acuerdo, cual los apóstoles, sobre quien es nuestro presidente.

Sin duda, es un producto de marketing político; un golem de un genio de la publicidad. También, un extraordinario estratega que deja pasmados con el manejo de cartas y cubiletes a quienes juegan enfrente de él, llámese Rajoy o Carod Rovira. Pero las manipulaciones tácticas solo buscan beneficio a corto plazo. “Si ni siquiera sabemos qué será España dentro de treinta años, a qué viene preocuparse” replica Rubalcaba a preguntas sobre el porvenir de España. Visión de futuro y política de Estado se llama eso.

Extintos los principios, y atentos a intereses personales de poder, lo que pueda pasar a la Nación dentro de treinta años carece, en efecto, de importancia. Esto explica que vivamos hoy el mejor momento para que sean atendidas reclamaciones de cualquier tipo, a costa de la quiebra de mañana. Desde la ruptura del consenso constitucional para satisfacer exigencias del separatismo, hasta la enfeudación a los intereses privados de una corporación mediática de rumbo monopolista, pasando por regalos corporativos a trabajadores de astilleros en ruina, transportistas que piden gasolina mas barata o directores de cine subvencionados. “No pasa nada”, repite Zapatero; y es como el rumboso padre de familia gastando el doble de lo que gana.

No obstante, intuimos algo mas profundo bajo las maneras de ZP. Es posible que estemos, al fin y al cabo, ante un genuino profeta iluminado dispuesto a cambiar los paradigmas seculares de Occidente de raíz judeo-cristiana. De ser cierta la frase que muchos le atribuyen, y que nunca ha desmentido “el cristianismo es un peligro público desde el siglo I”, resulta natural y coherente que busque poner fin a ciertos valores enraizados.

A diferencia del Mesías que allá donde se encaminaba resolvía enfrentamientos y ayudaba al enfermo y necesitado, este nuevo Mesías del siglo XXI y toque más moderno se saca problemas de la chistera que después pretende arreglar como el mismo dice “como sea”, a costa de cualquier cosa y sin importar el precio que halla que pagar. En plena apertura de fronteras internacionales, dentro de un proceso cada vez más acelerado de globalización, dentro de una Europa emergente y dinámica. El Mesías se replantea la identidad de España, algo superado hace siglos y que nadie dudaba hasta ahora.

Jesús entró en Jerusalén entre ramos y vítores, otros entraron en la Moncloa entre mentiras y manipulación, uno murió en la cruz por la salvación de su pueblo, y el otro, claudica y aplaude la desaparición del suyo propio.

 

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